Hipnoterapia


 




Actualmente se tiende a pensar que la hipnosis es siempre autohipnosis y que para que se dé en terapia, es necesario que entren en un leve estado alterado de la conciencia tanto la persona como el hipnólogo.

Aunque es importante remarcar que para que la persona entre en un trance (sea ligero o profundo) tiene que querer que esto ocurra, y al ocurrir la terapia es mucho mas efectiva porque ayuda a que se produzcan los cambios positivos, que cuesta lograr a nivel cognitivo.


Miguel, exfumador, después de un proceso de hipnosis, nos dice: “Después de probar distintos métodos y cuando ya me creía incapaz de abandonar el hábito de fumar, descubrí la hipnosis y pude dejar mi adicción en muy poco tiempo.
Superé las limitaciones que yo creía tener y lo fui dejando de una forma gradual y equilibrada. Lo conseguí sin ansiedad y sin represión.   Llevo dos años de exfumador y mi autoestima ha aumentado, junto con mi salud y la de los míos. Me siento independiente y mi peso sigue siendo el mismo.
Miguel, con la hipnosis, ha recuperado la capacidad de decidir y elegir lo más adecuado para él y ha podido realizarlo.

Decimos que la hipnosis es un estado alterado de la conciencia muy parecido al que tenemos cuando estamos entre el sueño y la vigilia, aunque  aparatos de medición de la actividad cerebral han demostrado que el electroencefalorama de una persona hipnotizada es distinto al de una persona despierta o dormida. Es un enlace especial que forma un puente entre la mente y el cuerpo y en el que salimos y entramos muchas veces durante el día, ya sea a través de la mirada, la voz, la música, viendo un paisaje o una película. Todavía hoy se sigue buscando una definición exacta para la hipnosis. Algunos investigadores dicen que hipnosis es todo, o sea, que siempre estamos en ella. Otros afirman que hipnosis no es nada, o sea, que nunca entramos en ella.


 
La hipnosis a través de la historia

Si vamos al origen de la hipnosis, tenemos que remontarnos al origen de la humanidad. Dado que la mirada puede ser muy hipnótica y teniendo en cuenta que todavía hoy tiene este poder, aún con toda la riqueza del lenguaje, imaginemos el poder que debía tener cuando las personas se comunicaban con solo unos cuantos sonidos guturales. Luego, con la palabra, debieron surgir las primeras nanas, en las  que cuesta muy poco ver lo hipnóticas que llegan a ser.

Otros ejemplos de hipnosis son los mantras y los cánticos junto con la danza, que nuestros antepasados más lejanos ya utilizaban para pedir a las fuerzas de la naturaleza que fueran benévolas con ellos y con sus pertenencias. Con estas prácticas, llegaban a estados alterados de conciencia, verdaderos trances que usaban para dar más fuerza a sus rituales. En las antiguas civilizaciones de egipcios, griegos, persas y romanos, la hipnosis también se usaba ya como medio de curación.

A lo largo de la historia, la hipnosis ha recibido distintas denominaciones. En el siglo XVII, Mesmer la llamó "magnetismo". Un considerable número de seguidores de este doctor continuaron su labor, llamada entonces "mesmerismo", y aportaron una concepción del hipnotismo más parecida al concepto actual. Las autoridades médicas fueron muy reacias a aceptar esta teoría del magnetismo.

Más tarde, en el siglo XIX se aceptó que el doctor John Elliot en Londres utilizara la hipnosis incluso para realizar intervenciones quirúrgicas a sus pacientes.

James Braid (1795-1860) fue el primero en ser tomado en serio y el que inventó la palabra "hipnotismo", tomada del griego hipnosis, que significa sueño.

James Esdaile (1808-1859) realizó operaciones quirúrgicas en forma indolora usando lo que él llamó "anestesia mesmérica". En aquel tiempo, la hipnosis también se empleaba en odontología.

El doctor Liébaut (1823-1904) fundó la Escuela de Hipnotismo de Nancy en Francia. Liébaut empleaba la sugestión verbal.

El profesor Charcot (1825-1893) aseguró que para entrar en trance de una forma rápida solo se necesitaba que el enfermo aceptara la sugestión necesaria. Charcot fue una eminencia y trabajó con Alfred Binet, Pierre Janet y Sigmunt Freud.

Sigmund Freud (1856-1939) empleó la hipnosis para investigar el subconsciente de la mente, aunque no tuvo en cuenta un factor muy importante, y es que para conseguir que la persona entre en trance necesitaba la cooperación de la misma. Freud no pudo conseguirlo en muchos casos y, debido a su desilusión, abandonó la hipnosis y creó el psicoanálisis, válido como la primera pero más lento en resultados. Por este motivo, él mismo la retomó más tarde y la integró en el psicoanálisis.

Milton Erickson (1901-1980), a base de observar detenidamente el comportamiento humano, creó una forma de inducción personalizada a cada uno de sus pacientes.

Alfonso Caycedo, neuropsiquiatra colombiano, se inició en hipnosis con el doctor André Cuvelier en la escuela Nancy. En 1960, a sus 29 años, creó la Sofrología y afirmó que, a diferencia de la hipnosis, la persona aprende a entrar en este estado hipnótico y a recurrir a él siempre que quiera.

Actualmente se tiende a pensar que la hipnosis es siempre autohipnosis y que para que se dé en terapia, es necesario que entren en este estado alterado de la conciencia tanto el paciente como el hipnólogo.

La definición con que los hipnólogos nos sentimos más identificados es que "la hipnosis es siempre una autohipnosis". De hecho, es una autohipnosis tanto para la persona como para el hipnólogo, que en todas las sesiones entra también en trance. Aunque es importante remarcar que para que la persona entre en un trance (sea ligero o profundo) tiene que querer que esto ocurra.


 

 
Hipnosis Ericksoniana con el Dr. en psiquiatria Carlos Vallvé 






     Rosa Boronat.  Barcelona. tel. 650 041 967 
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